Teaching medieval literature to undergraduates in the original version: back to the philology seminar model

Libro del caballero Zifar, f32r.º del Manuscrito de París (ms. espagnol 36 (Bibliothèque Nationale de France)

Medievalists working in modern languages face a happy dilemma: we sometimes have the privilege of teaching works in our own subfield to a captive audience of language majors who need to take upper-division courses in the target language in order to complete their degrees. In some rare cases these students are actually required to take courses on premodern works. On paper this is a wonderful opportunity to share with our students the same works that got us all fired up about medieval literature in the first place.

But there is a problem: medieval vernaculars are difficult, and students may come to the classroom with facile but entrenched preconceptions about the difficulty, irrelevance, and strangeness of medieval texts, even those in modernized versions or in English translations.

One approach to this problem is to preempt these preconceptions by working to demonstrate the relevance of medieval texts, their value for understanding current-day issues and debates (I discussed this approach in survey courses in a previous post). We can address the question of difficulty by excerpting, modernizing, translating the texts in question. Break them down into digestible bites so the students will not feel overwhelmed or linguistically incompetent.

a cucharadiiiiitaaaaaas

This approach comes with a price: if we teach modernized versions, our students get little exposure to the linguistic reality of the culture we are teaching them. Their understanding of the target language is less diverse, less historically informed. Learning to read medieval registers of a vernacular language is a window onto linguistic diversity, one that persists in modern non-normative dialects. Medieval registers of modern languages also reveal commonalities with other modern national languages that have since been repressed.

There are other reasons to teach original versions of medieval texts. There is a satisfaction that comes with overcoming the uncomfortable, the challenging, with rendering the strange familiar through sheer effort. Students of languages are not strangers to this process, but by the time they have achieved sufficient proficiency in the target language in question, having to face a steep linguistic curve as advanced upperclassmen may seem like an ambush: I wanted to study Spanish literature; I didn’t sign up for…this?

This fall I will be teaching an upper-level seminar in my field, and I have chosen to return to a pedagogical model we all know well: the philology seminar. Instead of teaching a series of short excerpts or modernizations of texts, I will teach the whole of the original Libro del cavallero Zifar in ten weeks, in chunks of some twenty pages per class session. We will begin with an introduction to medieval Castilian phonology, morphology, orthography, and lexicon. Students will write critical commentaries and modernizations of weekly selections. And yes, they will write a term-end literary critical essay.

I believe the students will suffer some. They have not ever been asked to do this before. They have read very very little, if any, medieval Castilian. At best they have read very short excerpts of Gonzalo de Berceo or Juan Ruiz, usually with accompanying modernizations or English translations. There will be blood.

Petrus de Capua. Distinctiones Theologicae. England, 13th.

The first weeks will likely be rough going. But I hope they will gain something as well. I am hoping they will ramp up, and that the sixth or seventh reading assignments will go down far easier than the first and second. They will have the opportunity to tackle the whole book, and work through that sense of strangeness they often bring to medieval language.

What about you? What has your experience been in teaching entire medieval works in original versions to undergraduate students of modern languages?
Please feel free to leave a comment below.

 

 

 

 

 

6 thoughts on “Teaching medieval literature to undergraduates in the original version: back to the philology seminar model

  1. Michele S. de Cruz-Saenz commented:

    Bravo David! I was beginning to think “Philology” was a dirty word! In a 42 year career (and I still seek adjunct status), which includes 30 in secondary pre-AP and AP, I always included excerpts side by side of the Ur-text, and taught the students how to read it and eventually enjoy observing the linguistic development. I agree that it is difficult in the beginning, but, according to decades of my students, it was worth the effort and not forgotten over the years!

  2. Francisco A. Marcos-Marín commented:

    Explico Historia de la Lengua Española en la University of Texas at San Antonio. La he explicado, como asignatura con diversos nombres, en España, Argentina, Alemania, Italia y otras universidades de Canadá y Estados Unidos. Soy, para quien no me conozca, un filólogo lingüística y, por mi formación con la herencia del Centro de Estudios Históricos de Madrid, me importa el texto literario.

    Como lingüista, estoy convencido de que el llamado castellano medieval es una lengua distinta del español moderno. Tiene distinto sistema fonológico, morfológico, sintáctico y léxico-semántico. El español contemporáneo se parece más al portugués contemporáneo que al castellano medieval. El español, con sus sistemas actuales, se terminó de formar a finales del siglo XV. Por supuesto, en toda lengua continúan aspectos estructurales de su etapa anterior y se anticipan aspectos de la siguiente. Las lenguas no son seres vivos, así que no mueren, ni nacen, ni viven, son constructos usados por los humanos, estructuras, si se quiere.

    Sin conocer el latín, el acceso correcto al castellano medieval es extremadamente difícil. Por eso defiendo y practico la edición de textos medievales con versiones modernizadas, cuando se puede. De acuerdo con el Marqués de Santillana, si no podemos tener las formas, conformémonos al menos con los contenidos. En todo caso, se trata de la enseñanza de una materia y por ello de aportar las experiencias de cada uno, sobre todo cuando, como en mi caso, son muy extensas, diacrónica y diatópicamente.

    Utilizo la Historia del español de David Pharies, junto con mi libro del Comentario lingüístico y otros trabajos míos que están disponibles en mi portal de internet y a los que se accede fácilmente tecleando mi nombre en google o en Academia.edu, entre otros sitios. Selecciono los textos personalmente, porque, cuando las cosas se dan bien, el ideal es que al final se puedan leer en la versión original y, a ser posible, en el manuscrito digitalizado. No siempre es posible; pero la educación es una ciencia de posibles.

    Empiezo por un texto muy breve, por ejemplo una inscripción, que analizo como un twitter. Los alumnos aprenden que, independientemente del soporte, los recursos de los usuarios son los mismos: abreviaturas, base cultural común, lenguaje especializado para el tipo de comunicación, errores de transcripción, y más. Lo importante es que vean que los medievales y nosotros somos lo mismo, que no eran más estúpidos por ser más antiguos. Procuro cantar (dentro de mis limitaciones y de lo que sabemos de la música medieval, pero con gran afición) los textos épicos y líricos, puesto que así se hacía en la Edad Media. Les explico que se leía (la prosa) siempre en voz alta, la lectura interna era desconocida, entre otras cosas porque había que formar las palabras. Hagan la prueba y verán que cualquier texto medieval (o latino) se lee mucho mejor en voz alta. Los textos requieren una relación con la cultura que les corresponde: estoria como representación secuencial, en miniaturas, portadas, capiteles o frisos, o en los murales pintados en los interiores, planteamientos etnolingüísticos (los textos contienen muchas veces, como ha demostrado Martín Almagro Gorbea, sobre todo para los jurídicos, elementos célticos, prerromanos), demográficos, como las migraciones que ocasionan nombres como Toro < (uilla Go)thorum y cada vez tengo más en cuenta el paisaje lingüístico, es decir, cómo el paisaje refleja las lenguas que se hablan en él. La Edad Media no era sólo una época en la que la gente hablaba de una manera rara, sino una época en la que ocurrían muchas cosas, algunas muy atractivas. En la parte técnica, la fonética histórica puede ser mucho más divertida que un sudoku y, desde luego, siempre ayuda poder explicar una falta de ortografía del cada vez más descuidado ABC haciendo ver que “degollar” se escribe con –ll- porque su radical o lexema es el mismo de “cuello” y lo que se ha producido es la típica lenición intervocálica.

    La mayor parte de los alumnos de UTSA son los primeros de sus familias en acceder al college. Por eso es muy necesario que no se desanimen y que continúen, sin abandonos. La marcha de la clase está en función de sus respuestas. Es más interesante que comprendan la diferencia entre el románico y el gótico y cómo se refleja en la lengua (literaria o no) que los detalles de la palatalización de –tj- -kj- y el origen de ç y z, las predorsodentoalveoares africadas. Cada maestrillo tiene su librillo, está claro. Recordemos, sin embargo, que maestro viene de magis y ministro de minus y tratemos de cumplirlo.

    ——-
    Francisco A. Marcos-Marín PhD
    Professor of Linguistics and Translation
    The University of Texas at San Antonio
    7701 Wurzbach Rd Apt. 1501
    San Antonio, TX 78229-4432
    http://fmarcosmarin.blogspot.com.es/
    mailto: fammdl@gmail.com

  3. Students love the books they understand best so if you can get them through Zifar, I’m sure they will love you. What materials are you planning to use specifically to deal with language?
    I don’t know if I could pull this off with my students, though they seemed to do ok with Celestina.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *